5 de julio de 2014

ALABANZA


Uno de los nombres de las doce tribus de Israel es Judá. En Génesis 29:34-35 Lea le había dado a Jacob tres hijos que fueron Rubén, Simeón y Leví. Al nacer el cuarto hijo, Lea y Jacob sintieron un gran regocijo. Lea dijo " Esta vez alabaré al Señor" y llamó a su hijo Judá que significa "alabanza".

En el Pentateuco que son los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, Judá Sería el padre de una familia, una tribu y una nación. De Judá vendría el gran Rey David y de él saldría nuestro Señor Jesucristo el Rey de reyes y Señor de señores.

Jacob antes de fallecer le habló proféticamente a Judá y le dijo: "Mi hijo Judá es como un cachorro de león que se ha nutrido de la presa. Se tiende al acecho como león, como leona que nadie se atreve a molestar. El cetro no se apartará de Judá, ni de entre sus pies el bastón de mando, hasta que llegue el verdadero Rey, quien merece la verdadera obediencia de los pueblos" (Génesis 49:9-10).

Nuestra liberación, nuestra defensa, nuestra directiva viene de la "alabanza". Los que no alaban muchas veces viven en terror del adversario que "ronda como león rugiente, buscando a quién devorar (I Pedro 5:8). Los verdaderos adoradores viven en la confianza de que el León de la tribu de Judá prevalecerá sobre todo ataque del diablo. La alabanza es nuestra defensa más grande contra el acoso de actividad demoníaca en la Iglesia, familia, trabajo, negocio, proyectos, etc.

En Números 2:2-3 el campamento de Judá fue organizado en el lado oriente y era la única entrada al atrio del tabernáculo. El estandarte de Judá llevaba el símbolo del león. Los sacerdotes tenían fácil acceso al lugar de adoración que la tribu de Judá porque muchos tenían que viajar una distancia considerable para llegar allí. La tribu de Judá vivía junto a la puerta del atrio.

Hay personas que no alaban a Dios y tienen acceso a la Presencia del Señor, pero su camino es más largo, arduo, pesado y cuando llegan se dan cuenta que primero tienen que entrar con alabanza.

En Deuteronomio 33:7 Moisés estaba bendiciendo proféticamente a cada una de las doce tribus de Israel y a Judá le dijo: “Oye, Señor, el clamor de Judá; hazlo volver a su pueblo. Judá defiende su causa con sus propias fuerzas. ¡Ayúdalo contra sus enemigos!”.

En primer lugar la alabanza traspasa cualquier obstáculo y logra obtener el favor de Dios. Como segundo lugar el Señor utiliza la alabanza para traer unidad a su pueblo y el tercer punto ¡El secreto de la fuerza para el cristiano es un corazón lleno de alabanza! “Pues el gozo del Señor es nuestra fortaleza” (Nehemías 8:10).

El que alaba al Señor tiene acceso a una protección divina que no tiene el que no le alaba, puesto que la promesa fue dada a Judá porque eran los encargados de la alabanza.

En Josué 14 uno de los libros históricos, se narra la historia sobre Caleb, que era uno de los hombres escogidos de la tribu de Judá que fue a ser parte del grupo de los doce espías que explorarían la tierra prometida. El Señor lo preservó de desobediencia, destrucción, disipación y de ser desheredado. Él tomó como su herencia la misma tierra que había sido poseída por los gigantes que tanto aterrorizaban a los hijos de Israel. Este es un ejemplo de lo que puede hacer la Alabanza para quien la practica.

En Jueces 1:1-2 vemos “Después de la muerte de Josué, los israelitas le preguntaron al Señor: - ¿Quién de nosotros será el primero en subir y pelear contra los cananeos? El Señor respondió:- Judá será el primero en subir, puesto que ya le he entregado el país en sus manos”. Siempre la alabanza entrará primero a la batalla, Dios derrota después a tus enemigos y  te entrega un territorio para que lo domines.

Josafat rey de Judá, cuando fue invadido en secreto por Moab y Amón (II de Crónicas 20). Dios le da instrucciones a través de un profeta: “Simplemente, quédense quietos en sus puestos, para que vean la salvación que el Señor les dará” (v.7). Josafat adoró al Señor y luego mandó salir a los cantantes delante de la fuerza armada cantando alabanzas al Señor (v.21). Dios se movió en el campamento y puso al enemigo contra sí mismo en un acto de autodestrucción. La fuerza de Judá nunca sacó la espada, pero gastaron tres días recolectando el botín. Dios manda la alabanza como tropas amortiguadoras para hacer retroceder al enemigo antes que se permita al resto de la fuerza armada unirse a la batalla.

En II Samuel 2 vemos que después de la muerte de Saúl en una batalla, actuaron los hombres de Judá (Alabanza): “Entonces los habitantes de Judá fueron a Hebrón, y allí ungieron a David como rey de la tribu” (v.4). En los versículos 8-9 Abner escogió a Isboset y lo ungió rey sobre todo Israel. Pero Judá reconoció que el Señor  había ungido a David como rey, y ellos prefirieron al que Dios había escogido. “La tribu de Judá, por su parte, reconoció a David” (v.10). Pasaron siete años y medio antes de que David fuera recibido como rey. Durante esos años Judá gozo de un rey aprobado por Dios, y encontraron favor con Él. En I de Crónicas 12:23-40 se enumera a los hombres que vinieron a David para ayudarle en su batalla contra el reino de Saúl. El primer grupo en la lista son “Los hijos de Judá que traen escudo y lanza”. ¡El que alaba al Señor es apto para la defensa, como para la ofensiva! Puede hacer retroceder al enemigo sin exponerse a sí mismo.

En los libros poéticos se trata de la alabanza directamente. En los Salmos se hablan también de Judá. Salmos 48:11 “Las aldeas de Judá se regocijan”. Salmos 97:8 “Las ciudades de Judá se regocijan”. Salmos 22:3 “Pero tú eres santo, tú eres rey, ¡tú eres la alabanza de Israel!”. El que alaba se goza y alegra porque conoce las promesas de Dios.

En los libros proféticos se comenta sobre Judá en Oseas 10:11 "Judá tendrá que arar". El profeta sugiere que la alabanza puede arar el terreno que representa el corazón del hombre y ablandarlo antes de sembrar la semilla que es la riqueza de la palabra de Dios.
En Oseas 11:12 dice: "Me rodeó Efraín de mentira, y la casa de Israel de engaño. Judá aún gobierna con Dios, y es fiel con los santos". Aquí podemos observar que la alabanza es la que gobierna con Dios. Quizás muchos no tengan un título denominacional, pero todos podemos entrar en la alabanza y así también gobernar con Dios.

Las escrituras dicen en Joel 3:20 "Judá y Jerusalén serán habitadas para siempre, por todas las generaciones". Esto quiere decir que la alabanza siempre ha sido y siempre será. En el libro de Malaquías 3:4 afirma lo siguiente con respecto a Judá "Y las ofrendas de Judá y Jerusalén serán aceptables al Señor, como en tiempos antiguos, como en años pasados". La alabanza siempre será grata y placentera al Señor porque fue fundamentada en Judá.

El Señor no mandará a su pueblo a adorar sin darles un modelo para la adoración. La adoración en el Antiguo Testamento no es una rutina fría de confesión, matanza de animales inocentes y ayuno. La mayor parte de la adoración era con regocijo, acción de gracias y fiestas. Estas son las fiestas ordenadas por Dios, tres de estas eran obligatorias y cada hombre hebreo tenía que regresar a Jerusalén para celebrarlas.

Fiesta de la Pascua (Fiesta de los panes sin levaduras)
Fiesta de Pentecostés (Fiesta de las cosechas o primicias)
Fiesta de los Tabernáculos.

De estas tres fiestas obligatorias eran añadidas opcionalmente las siguientes:

Fiesta de las Trompetas (Año Nuevo)
Fiesta de la Expiación (Perdón de Pecados).

Todas estas fiestas eran tiempos de regocijo y de reuniones familiares. Era como una ocasión social donde todos llevaban algo para comer, tomar y donde había compañerismo. Siempre había un equilibrio entre la solemnidad y el júbilo. Hay un tiempo para ayunar, pero también hay un tiempo para festejar. Cuando el israelita hubo cumplido con las reglas de Dios contra el pecado, fue animado a regocijarse en su Dios Salvador. Esta era la manera original de celebrar las fiestas del Señor.

Las ordenanzas de Dios para adoración empezaron con una fiesta conocida como "La Pascua" y terminarán con una gran fiesta llamada "La Cena de las Bodas del Cordero". Las fiestas del Señor tienen tres aspectos de tiempo: Pasado, que es el recuerdo; Presente (Involucrarse personalmente con Dios actualmente) y Futuro (Grandes cosas proféticamente venideras). Alabamos a Dios como ofrenda por sus hechos pasados, le alabamos por lo que Él hace en el presente, lo alabamos por una visión y esperanza profética en el futuro. Por eso debemos estar motivados a alabar al Señor y festejar en su Presencia con canto y regocijo.

En el Antiguo testamento existieron tres tipos de ofrendas que eran para el Señor:

1. La Ofrenda Bebida: Era una ofrenda que se derramaba ante el Señor. No era destinada para un hombre. Hoy en día podemos derramar de nuestro espíritu a través del Espíritu Santo: Amor, agradecimiento y adoración ante la Presencia de Dios. Es una ofrenda del espíritu del hombre a Dios.

2. La Ofrenda de Elevación: Estas ofrendas no eran obligatorias, eran regalos u ofrendas voluntarias entregadas a Dios. Eran todos los regalos que se entregaron para la construcción del tabernáculo. Actualmente debemos alabar, adorar, magnificar, exaltar con deleite y placer a Dios. En realidad no debería haber presión u obligación en adorar a Dios, por ejemplo en el Salmo 103:1 dice: "Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre".

3. La Ofrenda de Sacrificio Mecido: En esta ofrenda el sacerdote tomaba el sacrificio del pan, tortas de harina y el pecho del cordero y los mecía ante el Señor. La Palabra hebrea significa, "sacudir, mecer, hacer señas, u oscilar de un lado a otro". Éxodo 29:24-25 nos dice que después de que estas ofrendas eran mecidas ante el Señor, tenían que ser quemadas sobre el altar "por olor grato delante del Señor. Pero antes, el cuerpo del hombre tenía que involucrarse meciéndolo, sacudiéndolo, oscilando de un lado al otro ante el Señor. Esto quiere decir que podemos danzar, alabar y adorar a Dios con gran libertad.
La alabanza no está limitada a los cielos; sino que también es parte de la tierra. Dios elige a Judá como ejemplo y nos da la forma de alabar al Señor. El hombre que se ofrenda a Dios como sacrificio vivo, debe hacerlo en espíritu, alma y cuerpo.

Cada persona que alaba al Señor en una Iglesia o en cualquier lugar, tiene el derecho de expresarse de un manera individual y personal. Es más hermoso ser espontáneo cuando uno se acerca ante el Señor en alabanza y adoración, ya que no lo haríamos por presión u obligación sino que nacería de lo más profundo de nuestro corazón.
En todo el recorrido de la Biblia hay diferente personajes que adoraron y alabaron a Dios como fueron: Adán, Enoc, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, José, Moisés, Melquisedec, Aarón, Débora, Samuel, David, Isaías, Habacuc, Jesús, Pablo y Juan. Todos ellos dedicaron sus vidas completamente a la voluntad de Dios que es buena, agradable y perfecta. Nuestro Señor Jesucristo fue y es la máxima expresión de alabanza y adoración como nunca antes en la historia de la humanidad se ha visto.
Las Escrituras declaran que la alabanza en la vida de los creyentes es bella, necesaria y agradable a Dios. No podemos olvidar por cierto que la alabanza es un pacto o un acuerdo que Dios hace con el hombre. Un claro ejemplo aparece en el Salmo 81. Cuando Dios hace un pacto se ata a sí mismo por juramento de su Palabra a cumplir con su parte y el hombre al no cumplir con la condición básica de alabarle, seremos privados de los beneficios de este pacto de Alabanza con Él.
Es importante resaltar este pasaje bíblico porque explica quienes somos para Dios realmente, I Pedro 2:9 "Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios", luego dice: "para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable". 

La motivación apropiada para la alabanza es porque amamos verdaderamente al Señor y no debería ser tan sólo porque queremos algo material u otra cosa. En el Salmo 81:4-7 el Espíritu Santo nos da seis fuertes razones para la alabanza que combinan las intervenciones de Dios con la liberación del hombre.
1. "Éste es un decreto para Israel, una ordenanza del Dios de Jacob". ¡La Palabra de Dios lo manda!, porque no está escrita como una opinión para los que quieren; pero repetidamente se da como mandamiento. "Aplaudan, pueblos todos" significa "Todos, ustedes alaben al Señor". El Salmo 47:1 declara: "Aplaudan, pueblos todos; aclamen a Dios con gritos de alegría" y en el Salmo 40:16 dice: "Pero que todos los que te buscan se alegren en ti y se regocijen". El rehusar alabar es ir en contra de la Palabra de Dios.
2. La gente que alaba es testimonio de Dios. "Lo estableció como un pacto con José", Salmo 81:5. "A fin de que nosotros, que ya hemos puesto nuestra esperanza en Cristo, seamos para alabanza de su gloria", Efesios 1:12. Alabanza es un testimonio a Dios tanto en los cielos como en la tierra. Hay que estar bien involucrado en la alabanza antes de entrar en guerra espiritual contra el enemigo. Si no utiliza adecuadamente el poder y la autoridad que Dios le otorga puede destruir un individuo o una Iglesia. Tenemos que ser de testimonio en cualquier lugar donde estemos y debemos dejar el orgullo a un lado. La alabanza produce frutos de humildad porque siempre es dirigida hacia el Señor y no al hombre. De este modo sabremos con seguridad cómo liberar ese poder divino para ministrar a las necesidades de la gente. Adoremos a Jesús primeramente, después la autoridad del Señor puede seguir sin ningún peligro. ¡Alabanza y después poder!
3. La alabanza es nuestra liberación de la esclavitud: "Te he quitado la carga de los hombros; tus manos se han librado del pesado cesto. En tu angustia me llamaste y te libré" Salmo 81:6-7. El Señor continúa interviniendo de la misma forma por su pueblo para liberarlos de la esclavitud. En Egipto los israelitas fueron esclavos indignos de sus captores. Su trabajo incluía llevar todas las cargas; fueron tratados casi como animales de carga. Sus manos estaban constantemente en los cestos tanto en la cocina como en la limpieza. Entonces el Señor los liberó. En Éxodo 15, Miriam con su pandereta guía a las mujeres en un cántico similar al de Moisés en motivo de celebración por su liberación de Egipto y de su esclavitud. Si está perdiendo el deseo de alabar a Dios haga memoria de donde lo liberó y recuerde las escenas en que era participe del pecado. Dígale en oración al Señor que está muy agradecido de darle una nueva forma de vivir y por la libertad que tiene en Jesucristo.
En el Cielo hay un modelo de Alabanza y Adoración. Ese modelo es la forma para glorificar a Dios aquí en la tierra. Los que amamos a Jesucristo preparen sus corazones para adorarle….

MSE / Luis García.

Nota: Cada una de las fiestas bíblicas judías nos enseñan algo singular y maravilloso acerca de nuestra relación con Dios, nuestro creador, sustentador y proveedor: Dios nos salva: La Pascua (Pésaj); Dios nos santifica: Primeros Frutos o Pentecostés (Shavuot); Dios nos provee: Tabernáculos (Sucot); Dios nos llama: Trompetas (Rosh HaShaná); Dios nos perdona: Expiación (Yom Kipur); Dios nos dirige por Su Palabra: El gozo en la Ley de Dios (Simjat Torá).

"Por lo tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu que es la palabra de Dios". « Efesios 6:13-17 »

"Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús". « Filipenses 3:13-14 »